Trazado en base a tres historias interrelacionadas, es éste un drama cuya fuerza se apoya en la sinceridad y la crudeza que impiden el paso a la afectación mediante momentos de humor e interpretaciones magistrales de las actrices.
A pesar de contar en su reparto con actores como Samuel L. Jackson, apenas tienen oportunidad de mostrar sus capacidades interpretativas; ya que son el pretexto secundario para apoyar el motivo principal: la independencia de la mujer, su fortaleza y su valentía. De ahí que lo único reprochable a Rodrigo García, director colombiano e hijo del escritor García Márquez, sea la representación de los caracteres masculinos; con la que no coincido y cuya única intención sea probablemente resaltar las capacidades de la mujer.
Todos los personajes masculinos que aparecen en la película apoyan, de un modo extrañamente feminista, el conjunto estereotipado de defectos que la imagen del hombre posee. Reflejan la incomprensión que se produce en ocasiones ante la complejidad de la mujer herida y hermética y la cobardía o incapacidad para establecer lazos que no sean consanguíneos.
Están relegados a un segundo plano desde el que observan asombrados la decisión de la mujer independiente, aterrados ante los sentimientos que ésta le provoca y hasta parecen dominados por el impulso sexual. Aunque, por otro lado, se forma una imagen más humana y menos viril; se muestran los miedos de los hombres, su sensibilidad; y ésta es una apuesta arriesgada. En cualquier caso, es sólo la impresión que me produjo, y preferiría estar equivocada.
Por último, habla de cómo las mujeres se apoyan unas en otras para salir adelante y educar a sus hijas sin necesidad de una figura paterna, y enseña que en las relaciones familiares, no importa la sangre, sino el tiempo que se pase con alguien.
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